In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Archivos en la Categoría: Reflexión

Nostalgia del paraíso

Quiénes viven en la idolatría del mañana carecen del menor porvenir. Tras haber despojado el presente de su dimensión eterna, no les queda sino la voluntad, su gran recurso… y su gran castigo.

(E.M. Ciorán pág. 25 en La caída en el tiempo Ed. Tusquets)

Si necesitara compañero de piso entre los filósofos, desde luego Ciorán no sería nunca el elegido. Si el hombre no tiene fe en el mañana, nada puede esperar que merezca la pena pues el presente se vuelve estéril, permanente y los valores se deshacen como el papel bajo la lluvia. La esperanza es entonces el cauce de las nostalgias de aquel paraíso, es el faro que nos guía en busca de la perfección, ese porvenir glorioso al que todavía unos pocos pretendemos acceder.

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Setenta años sin Antonio Machado

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero…”

Con la misma fuerza que nuestros antepasados celebraban el espíritu liberal de la Pepa de 1812, lanzaban años después rosas sobre la cabeza absoluta de Fernando VII. Esto no es un caso único, sino que se ha venido repitiendo -Casas Viejas, memoria histórica…- con armónica constancia desde hace siglos por Andalucía. Somos un pueblo enfermo de alzhéimer. Setenta años después las viejas raíces de Machado se secan bajo el sol de Colliure, destino último del poeta de los olivares de Baeza y los campos de Soria.

Hasta allí se trasladó este fin de semana una delegación andaluza para celebrar el aniversario de la muerte del poeta sevillano. Compuesta por ocho poetas (Elena Medel y Carmen Camacho entre otros) y miembros del ejecutivo andaluz como Rosa Torres y Fuensanta Coves; la delegación sirvió de representación de cada una de las provincias andaluzas durante los actos dedicados a la muerte del poeta.

Sin embargo, me pregunto hasta qué punto es real esta representación. El 70 aniversario de la muerte de Machado solo ha servido para abrirnos los ojos a una triste realidad. Machado solo existe en los libros de unos pocos colegiales, un par de líneas y una placa en la calle Dueñas, donde está el palacio de Dueñas en el que nació. Nada más. 70 años no han sido suficiente para un aniversario con honores en su ciudad natal, salvo la excepción de los actos organizados por su fundación en Baeza.

Y no era por falta de acontecimientos precisamente. El Festival de Perfopoesía se ha cruzado en las fechas con el aniversario. Mientras se encerraban en habitaciones invisibles, montaban escaleras de libros, daban lecturas de “poesía india devocional”, nada de recuerdos (salvo contadísimas excepciones de algunos autores) a Machado en unos actos que pretendían acercar la Poesía a los ciudadanos. No ha sido la única tacha. Algunos han echado de menos tanguillos y pasodobles sobre esta efeméride en el concurso oficial de agrupaciones del Carnaval de Cádiz.

Cuánto han cambiado las cosas. Hace casi cien años la gente se echaba a las calles para portar el féretro de Bécquer, para celebrar aniversarios de Alberto Lista… hoy hemos olvidado a Antonio Machado y solo nos lanzamos a la calle -es una generalización- para celebrar barriladas botella en mano. Decía Machado en su poema Retrato: “Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito…” Queda claro que tras setenta años, Andalucía sigue sin pagar su deuda.

*Pincha aquí para ir a la versión corregida del texto.

De la crítica literaria

La crítica es uno de esos temas que me apasiona. No sé si por el malditismo y la exigencia extremada del crítico que todo llevamos dentro, no sé si por el “gusto exquisito” de los señores que apuntan con el dedo desde sus columnas en las revistas pero la crítica ya estaba en mi vida antes de entrar en esta Facultad. Adolescente que busca respuestas en las caidas de otros. La edad no ha colmado este ansia, hace meses perdí dos tardes de estudio leyendo las críticas de tres números de la Revista de Occidente que encontré en un despacho de la biblioteca.

Y las hay de todos los estilos y colores, de pinchazos y besos en Babelia, de hachazos en ABCD, explosiones en Letras Libres y en Revista de Libros… pura polémica. Entre mis favoritos están dos grandes, José Luis García Martín -de ABCD- y Carlos Pujol, que antes lo leía en ABC pero al que hace tiempo le perdí la pista. De García Martín he escuchado historias de todos los colores, sin embargo, siempre me ha gustado la forma de señalar lo que no le gusta, ahí, en mitad de una columna, sin venir a cuento casi, tan finamente hilado que casi no vemos razón. De Carlos Pujol, sin embargo, me gusta porque utiliza una forma esperpéntica, desbroza el libro o al autor completamente y lo enfrenta a un espejo donde los errores se exageran hasta hacerse irreconocibles, todo ello sin perder ni un ápice del estilo afilado y exacto de Pujol.

Ahora con la revolución de revistas de internet y blogs que tratan la Cultura las críticas se han multiplicado y, sin embargo, la riqueza de crítica se pierde. A pesar de joyas como esta crítica de García-Máiquez sobre un libro de Carlos Pujol (precisamente) en Poesíadigital, es muy fácil encontrar críticas absolutamente débiles, inseguras y desproporcionadas. Como casi siempre ocurre, la proliferación no tiene por qué aportar calidad sino todo lo contrario.

PD: De regalo un poema de Carlos Pujol que he encontrado en este blog de La Rioja.

*También publicado en el blog Sin futuro y sin un duro.

Copa de las naciones

Esta mañana me levanté eufórico, con ganas de comerme el mundo, la mañana era de un azul que provocaba alegría y el sol brillante, casi risa; y pensaba qué escribiré hoy en el blog, hoy, que vuelvo a ver a mi gente (mis amigos de siempre) y que me voy de cena y que no pienso en otra cosa que en dejarme de historias y centrarme, hoy. Pues eso precisamente, que vuelvo a mi gente ahora que estamos separados en la misma calle. Es curioso cómo este tipo de vida, de ciudad que diría una Yure con las piernas colgando en la orilla del río, hace que estés en un contacto diario con gente que vive a 30, 60, 100 kms y, sin embargo, las reuniones con tus amigos, los de mi misma calle, sean cada vez más dispersas. El caso es que hoy toca cena y copa; y mientras me vestía recordaba lo de Café Babel y pensaba en esto de las distancias, los países y cómo la cultura llega a todos lados. Hoy visto al estilo francés o, al menos, lo que yo pienso que es el estilo francés; iremos a cenar a un italiano y posteriormente tomaremos unas copas que seguramente tendrán algún divertido y poético nombre inglés que me traigas recuerdos, por lo del idioma, de mi Escocia. Es imposible resistirse a pensar que las fronteras cada vez sirven para menos y que estamos logrando lo que los políticos intentan con constituciones y más tonterías, una verdadera unión.

En fin, paranoias aparte no hay nada nuevo, que hoy me levanté internacional o con el espíritu del creador de Eurovisión que diría quién yo me sé; por cierto, ya que estamos con música, un disco. Busquen uno de Chano Domínguez, 10 de Paco se llama. Ya me diréis.

Ardides

Ahora que regreso del exilio navideño me ocupo del blog, de mí mismo, que es lo que acabo haciendo con el blog. Hace pocos días alguien me recomendaba cambiar algunas cosas de la página: “quita el dichoso calendario, me jode ver cómo pasan los días y me voy haciendo más viejo… me jode ver que sigo sin hacer nada” decía esta persona, lector diario que no comenta, y con la que no podía estar más de acuerdo. El calendario nos mira a ambos con cara de madre y nos apunta con sus dedos, reprimenda de días grises, el tiempo perdido. Volver y ordenar el blog, es abrir el camino; recordar cuál es el destino de los pasos y ponerse en marcha.

De igual forma que no puedo abstraerme del tiempo, considero que no debo eliminar este calendario, que sirva de aviso, como los que afana mi madre en colgar sobre el tablón de mi habitación: “La vida se acaba cuando no existe proyecto de futuro”. Andaré ordenando mis ideas estos días, abriendo camino mientras ordeno estas páginas. Que el tiempo ofrezca sus frutos.

Algo de Kafka

Hace ya un año que me enamoré de El Proceso, aquel libro que me abrió las puertas a un estilo narrativo que no había conocido hasta entonces. La agilidad en la escritura, la fuerza de Kafka como narrador y su forma de concebir las cosas han marcado desde entonces mi gusto en Narrativa. Ahora acabo de sacar un libro de la Biblioteca en el que el alemán Joachim Unseld (Anagrama, 1989) repasa la vida literaria de Franz Kafka centrándose, sobre todo, en los aspectos que tienen más que ver con la elaboración y publicación de sus obras. El libro revela la importante participación de sus amigos, principalmente Max Brod, escritor y albacea de Kafka, y la relación especial que mantendrá con su editor Kurt Wolff, única persona que publicó sus libros y con el que sólo conversó dos veces cara a cara.

Entre los muchos detalles que aporta el libro, me llama la atención la postura de Kafka ante su obra. Él entiende la creación literaria como algo puro, perfecto, llegando incluso a considerarla como “una forma de orar”. Esto, unido a la elevada exigencia de un Franz que se creía llamado a metas mayores que las de publicar aquellos “papelotes repulsivos” y a su marcada timidez, llevó muchas veces a Kafka a desechar la posibilidad de publicar sus escritos, cuando no a darlos directamente a las llamas. En algún sentido, y salvando las enormes distancias, me siento identificado con la consideración que tiene Kafka con su obra, esa insatisfacción constante con todo aquello que escribe y esa necesidad de perfección en sus trabajos que aleje de una vez las continuas dudas sobre sus posibilidades como escritor.

En las 60 páginas que llevo, Max Brod, el amigo de Kafka, es quizás la figura más destacada. El vitalista Brod, escritor prolífico y negociador nato es quien toma las riendas a la hora de sacar a la luz la obra de Kafka, un Kafka que lo admiraba por sus éxitos y por la capacidad de convencer a las editoriales. Brod intenta una y otra vez que Franz publique sus relatos en revistas, lo encomienda a realizar diarios de viajes y ensayos, revisando sus trabajos y presentándolos a todas las editoriales por las que va pasando. Un Brod al que habrá que agradecerle siempre que hoy podamos disfrutar del Kafka escritor, cuando fácilmente podría haberse dedicado a la pintura, por cierto expresionista. En fin, esto es lo que llevo de momento, ya comentaré más conforme vaya leyendo.

PD: En fotos, Kafka posando con un perro y Joachim Unseld, escritor de Franz Kafka: Una vida de escritor.

Summertime

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Ahora que realmente ha entrado el Otoño y encontramos la verdadera función de los puestos de castañas, que no son las de aromatizar las compras en la calle Tetuán ni recuperar una estampa del pasado, sino la sencilla tarea de calentar las manos, uno quisiera regresar a las mañanas del verano y olvidarse de las clases de la Facultad.

Abandonar este cuaderno de Gabinete, este artículo de Ramonet para Redacción y volver, sólo eso, a Edimburgo; subir de nuevo la cuesta interminable hacia la Royal Mile y pasearme entre los comediantes del Festival; contar los pasos desde el ángel gaitero de St. Gilles al portón del Castillo o descubrir Swithering entre cervezas en la misma taberna oscura de la calle Victoria.

Entonces no sabría de las mañanas tristes de tercero, ni de esta humedad que se aloja en lo más hondo y te mancha de silencio, volvería a aquellas casas de piedra ennegrecida por la lluvia que nada saben de tu ausencia, a los jardines de Princess St. que guardan un olor antiguo, donde giran infinitamente los niños en el tiovivo mientras suena de fondo -¿lo oyes?- la voz transparente de Ella Fitzgerald.

Deber de escritor

En estos paseos que me doy por la red, leyendo blogs de poetas –Rocío, Julio, Enrique y muchos otros– encuentro posturas diferentes ante una pregunta que me asalta estos días. Lo hablaba con Borja y Cerero hace unas semanas. El caso es: ¿debe el escritor tomar partido con su obra en las discusiones políticas?

En fin, hay dejo la pregunta para que opinéis. De momento, os invito a visitar la Feria del Libro Antiguo que abre a partir de hoy en la Plaza Nueva y a que descubráis alguno de los tesoros que esconde.

PD: Pronto iré a ver la versión nueva de Blade Runner al Cine Avenida, ¿alguien se apunta?

Reaparecen

Lo dijo Newton en su tercera ley: toda acción tiene como consecuencia una reacción. Lo dijo Newton después de una siesta en el campo. Ya ven lo que puede provocar una manzana y, más, si está podrida. Este fin de semana cayó la mesa ¿”nazional“? de Batasuna y hoy, dos días después, los “chicos de la boina” regresan con su cóctel de chantaje y dinamita. Casi como en los anuncios de la vuelta al cole de El Corte Inglés pero con tinte macabro. Volver a empezar con los coches bombas, volver, otra vez, al telediario de última hora y al desgraciado hábito de la escena de ambulancia, cámara a distancia y perro policía que ronda un coche. Volver, de nuevo, a las risas de unos pocos y al miedo de unos muchos que para los medios son unos pocos y, encima, están mal vistos.

Pero aún hay tiempo de alegría, de nuevo han fallado. A los “chicos de la boina” les tiembla el pulso y parece que la herida les ha escocido. Diecisiete terroristas, diecisiete, duermen en la cárcel desde ayer y mientras estos se pasean ya por el presidio, otros han respondido en Bilbao, aunque esta respuesta tiene mucho de rápido, de novato, de “hagamos algo que nos comen” ahora que ZP se ha convertido en Presidente Zapatero, ahora que Bambi ha vuelto a al camino de la Ley transformado en el Rey del Bosque. Sólo temo una cosa. Adivinar el coche de un escolta supone un seguimiento de ese escolta y, por ende, de su escoltado. Y “habemus” coincidencia, hace unos días informaban los medios de la existencia de tres comandos organizados que ETA había conseguido camuflar en Vizcaya y Guipuzcoa. Lo que antes eran suposiciones, ahora es una certeza: las ratas han salido de su madriguera.

Neruda en la parada

Lo mejor es empezar desde el principio. Si digo, por ejemplo, la tarde está estrellada y las niñas tiritan de frío a los lejos esperando al autobús, muchos pensarán que Neruda hizo mucho bien por la sociedad pero, quizás, no demasiado a mí. Unas chicas no tienen nada que ver con las estrellas -¿o sí?- y mucho menos la noche de Neruda es lo mismo que la tarde lluviosa y fría de mi ciudad.

Hay escritores que nunca debí leer y me arrepiento, me arrepiento de las muchas horas que gasté en libros que no me aportaron nada. Normalmente los leía en horas de verano, durante la tarde, cuando el/la calor de la ciudad te impide hacer otra cosa que no sea dormir o leer. Dan Brown, Ken Follet, alguna cosa de Alberti o Neruda. Eran los reyes del pastiche, del verano, los reyes de un estado decadente que acaba siempre en la misma receta: abandono del libro-adormidera a medio trecho con posterior viaje a la almohada.

El problema con estos escritores no es su “literatura“, que parece reírse de nosotros en la estantería como diciendo: ¡Estoy aquí de okupa! ¡Échame si te atreves, payaso! La cuestión más importante, me repito, no es lo que escribieron sino su persistente voluntad de saltar a la palestra. Me explico. Tarde con alas de ceniza, niebla leve, el agua cae con deje aranesco, Sevilla es Pampaluna por un tiempo, y la arena en esta historia huele como en las historias de niños. No ocurre nada especial hasta que aparece un grupúsculo de chiquillas donde destaca una especialmente. Cabellos oscuros y sombra de ojos para marcar unas pestañas largas como abanicos. Un cuello risueño que una moto se atreve -¿cómo se atreve?- a dorar. En el pecho le baila una maleta azul que abraza. Me fijo en sus manos, largas, muy largas, larguísimas… las manos del día. ¡Zas! Aparece Pablo Neruda con su maremoto, su espada encendida, sus veinte poemas de amor y una canción desesperada, desesperante.

Confieso que he vivido esta experiencia; anécdota que por otra parte no deja de ser normal -entre comillas- aunque admita que me molesta, que me jode. Lo que me molesta de esta escena no es que no recuerde la lluvia lenta, olorosa que evoca a Pampaluna, el ángel con grandes alas de ceniza de Cabanillas que era aquella tarde, ni siquiera sus rodillas de pan de algún poema que no recuerdo. Lo que me repatea, lo que me jode realmente -sin doble sentido- es que no pueda mirar a una mujer, mirarte, sin pensar: “Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes/a tus ojos oceánicos…