In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Archivos en la Categoría: Historia

Vercelae

Ellos esperan en la llanura de Vercelae, bajo la tierra.

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La línea más esperada de la historia

Metro

“Niña, pero mira qué boquerones… guapa! guapa! son frescos frescos, para el estreno!”. Es día de fiesta en el barrio. Lo dice el pescadero mientras una nube de mujeres viene y va por el mercado. En la esquina, tres abuelos hablan de la libra y hacen cuentas: “más de 500 millones dicen… con eso tienen pa’ hacé las otras tres…“. Son las once de la mañana y las sombras suben calle arriba hasta la estación. Desde lejos, parece un templo de acero y cristal. En la puerta tres chicos inflan globos mientras el guardia los observa con curiosidad. Leer más de esta entrada

Soult o el expolio convertido en obra de arte

Que la Catedral de Sevilla esconde enormes joyas es algo sobradamente conocido. Murillo, Pacheco, Goya… los cinco siglos de historia pasados desde la terminación de la Catedral  han dado para mucho, especialmente el periodo de oro en que la ciudad fue el puerto principal hacia las Indias. Sin embargo, los años no pasan en balde y los mismos siglos que dieron la grandeza al monumento, han sepultado también sus historias en los anaqueles de las bibliotecas. De entre esas historias, merece la pena rescatar una que reúne todas las condiciones para ser filmada en una película.

Corre el año 1810. España está en manos del francés y Cádiz es apenas el último reducto de la resistencia. El mariscal Soult, jefe del Segundo Cuerpo del Ejército de Napoleón, entra en Sevilla con la misión de presionar a los rebeldes del sur. Sin embargo esta tarea es acompañada por otra;  de forma instantánea comienza a reunir en el Alcázar de Sevilla todas las obras de arte que en aquel momento llenaban las iglesias  y monasterios de la ciudad. Imágenes de Velázquez, Murillo, Valdés Leal, Zurbarán y tantos otros son catalogadas una a una y guardadas en las salas del palacio real para su posterior traslado a Francia.

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Further

Quema

Mica

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Jimi Hendrix en Woodstock

Hoy seré breve porque estoy dentro de mi horario de estudio. Últimamente no estoy muy centrado en esto del blogg porque tengo la cabeza ocupada con Maletzke y la Mass Comunication Research en relación con la Teoría de la Publicidad y las RR.PP. No obstante, aunque me quedan las últimas horas de estudio, ya tengo el verano metido en la cabeza y, ¿qué es el verano para mí?

El verano es el descanso, mi tiempo para la música, las letras, los amigos, la arena… el verano es el reposo de los miembros y la acción de la cabeza. Así que nada, como ando muy enganchado ya a la buena música, os pongo hoy un vídeo de los que marcan época. Si hace unos meses os puse a mi amadísima Grace Slick cantando White Rabbit en Woodstock, hoy veremos a Jimi Hendrix prendiéndole fuego a woodstock, más o menos como lo haré yo el próximo Miércoles en el examen.

Ala, vean lo que puede llegar a hacerse con una guitarra y un mucho de LSD y marihuana.

La historia de Jonás

El otro día coincidí con Jonás en el parque de María Luísa. Jonás no deja de ser un cocainómano más de los que andan por el parque y que aprovechan la mínima oportunidad para colarte unos euros, pero quizás entre prisas y agobios, entre el hambre y los niños, ese día me paré y sostuve con él unas palabras. Entre otras cosas y muy fugazmente, Jonás me contó su vida como el que narra la última noticia del telediario, desenfadado y caradura. Empezó por el principio, Jonás es mallorquín, de la misma Palma de Mallorca, no conoció a su padre, drogadicto que dejó a su madre embarazada “y se las piró“. De su madre poco dijo aunque lo suficiente, “drogadicta y prostituta“, Jonás era todo un burgués. Durante años se crió en la playa, yendo a la escuela lo mínimo y sin el control suficiente, he de suponer, debido a las actividades de su madre. En la adolescencia, Jonás se tambaleó entre las letras y las drogas, aunque finalmente ganaron estas últimas y supuso la continuación de la “tradicional actividad” familiar.

Jonás, acostumbrado a pasar largas temporadas en las playas en las que aprendió a tocar la guitarra, como buen amante de la rumba catalana, y a sacar “unas perras gordas” a las descuidadas turistas suecas, vio hundirse su mundo “paradisiaco” el día que conoció a otro hombre. Su nombre lo desconozco, aunque Jonás lo identificaba como “el mal en persona, un verdadero hijo de puta” que entre palabras halagadoras y unas buenas dosis convirtieron a Jonás en chapero profesional durante los primeros años del destape. He de suponer que Jonás, entre las sábanas de hombre o mujer, acabó por encontrarse con la temible enfermedad que come músculo, hueso y vida, y por obra y gracia del destino, se vio en la calle, sin dinero y enfermo. Para esos años ya su madre había muerto y él decidió abandonar la isla de sus desgracias, sin una Penélope que la esperase si algún día regresara.

A caballo entre Oviedo y Palermo, Barcelona y Oporto, Jonás tocaba la guitarra por unas pocas monedas que después guardaba en una lata. Recibía “patadas en la boca de los ricos” que no querían oír su música mientras él se desinflaba corriendo detrás de ellos con sonrisa falsa y mano enlatada. Fue en la capital, quizás influído por su experiencia personal y por la ideología imperante en los rincones oscuros de la calle, cuando aprendió el lema que por unos años cambió su vida: “No existe la propiedad privada“. Durante algunos meses, Jonás se unió a otros compinches para cometer algunos robos en tiendas y aumentar así sus ingresos. No duró mucho y Jonás acabó en la cárcel a principios de los 90, mientras España se preparaba para unos Juegos Olímpicos y una Exposición Universal.

No sé cuanto tiempo estuvo entre rejas puesto que no me lo dijo, pero al terminar volvió a su anterior trabajo como músico callejero mientras su enfermedad avanzaba implacablemente. Madrid no era sitio para él, me dijo, y acabó por marcharse al sur en busca de una oportunidad para bien morir. Jonás ha estrenado el siglo XXI en una de las ocho capitales, se enorgullece de haber vivido “en primera línea de playa“, entre cartones, cuando estaba por Málaga. “Yo he tocado en la calle Larios y en la Gran Vía, he visto amanecer Ibiza después de follar con una diosa sueca.” Ahora Jonás canta en el Parque de María Luísa para poder comprarse las pastillas para el Sida y “mover el bigote” dos o tres veces al día. Sin edad, sin hogar y sin amigos, Jonás no conserva ilusiones pero recuerda perfectamente mil anécdotas y mil personas que pronto se perderán. “La vida es una mierda pero menos mal que ya me queda poco. Un día estás sentado en el paseo marítimo de Barcelona, bebiendo whisky con tres zorras, y al otro día estás en Granada corriendo detrás de los turistas por dos duros de mierda. Yo nunca he tenido nada ni nadie, salvo una amiga. Recuerdo su pelo negro en las calas de mi isla, como olía a mar… Merçé se llamaba, Mercedes.

Juguemos a elegir

Al hilo de un comentario de Jesu en este blog en el que calificaba a Julio Cesar como el mejor hombre de la historia, solo por detrás de Trajano, he decidido seguir la estela de la TV, cambiar el modelo y fabricar un mini-juego para que todos podamos elegir al MEJOR PERSONAJE DE LA HISTORIA.

No pondré opciones, aquí los nombres los ponéis vosotros. No hay límite de nacionalidad ni de edad, puede ser hombre y mujer, en fin, vosotros mandáis. No estaría mal que dieseis una breve explicación de por qué creéis que ha sido el mejor… y lo que queráis decir vaya. Pues nada, cuando alguien haya puesto algo ya pondré yo mi elección.

Ahora os presentaré a los conductores del concurso. Si con estos tres amigos no sale bien… será por sabotaje del espionaje ruso o por la subida del precio del barril de crudo.

Y como en todo juego-concurso que se precie, hay premio. Los que hayan elegido al personaje ganador serán recompensados con una cenita con velas en un restaurante a elegir invitados por el personaje votado. Como diría Joaquín Prat: “A jugar!!”

Los Lagos del Serrano

Tomo esta foto de los Lagos del Serrano del espacio flickr de Alonso Díaz

La foto que he recogido del espacio de Alonso Díaz muestra uno de los recuerdos más importante de mi familia, los Lagos del Serrano. Repaso el agua dorada del lago y viajo hasta los veranos antiguos, veranos de sol de verdad, cubilete de plástico y padres que llevan a sus hijos a pescar en el día de descanso. Así son los Lagos del Serrano cuando los imagino, en un verano de 1960 y pico, dictadura abajo, cuando mi abuelo llevaba a mis tíos y mi madre a pescar y a tomar el sol. Imagino las conversaciones de los niños planteándose un futuro abierto y el lejano año 2000 con sus trajes ajustados de color plata. En el 2000 andaríamos con escafandras por la luna, las vacaciones podríamos pasarlas en la cara oculta, a la sombra, cansados de un calor remoto que nos recordaría a la Tierra, el planeta anciano en el que trabajarían los viejos padres. El año 2000 era el límite entre lo real y la imaginación, y los niños podían advertir un futuro abierto y lujoso, de piscinas en las casas, guerras acabadas y libros de poetas que cantasen la libertad. Aquel año 2000…

Las aguas del lago que fotografía Alonso me llevan atrás en el tiempo, cuando a mis padres los empujaba hacia delante, hacia los sueños que nunca se cumplen. El año 2000 pasó con su cadencia inútil de trampolín hacia el desastre, en el año 2000 los expertos vaticinaban el fin del mundo tecnológico, los ordenadores se rebelarían como las máquinas de Asimov, el caos de la civilización, algunos que veían como un simple eclipse iba a desencadenar el desastre de San Juan… el año 2000 ya pasado, ido, sin cumplir esperanzas ni temores, un año más que no llevaba a ningun lado.

Aquel año 2000 de mis padres, de mis tíos, de planetas descubiertos y vacaciones en la luna, de paz y libertad más allá de los libros, de poetas del futuro, aquel año 2000 de esperanzas dista mucho de nuestro 2100 de esperanzas. La generación del XXI no cree en la libertad ni en la paz, se remilga en sus casas y cae otro día ante la TV, no espera nada del futuro porque el futuro no tiene nada bueno que darle, “la naturaleza no se preocupa de tu salud” dice el anuncio y el 2100 viene con el vaticinio de expertos, hecatombes naturales, desastres en el mundo y poesía de ataque… Y yo me quedo con la fotografía, las nubes oscuras en adelante, el agua clara como un espejo, el horizonte iluminado… La esperanza aún vive en los Lagos del Serrano y yo invoco estos deseos. Se acerca el verano y soy feliz en los lagos. No pierdo la esperanza.