In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Archivos en la Categoría: Poesía

Una de esas cosas

Hace unas horas que mi amigo @Bukowski (otra forma de llamar a Juan José Cerero) me ha mandado la maqueta de lo que parece ser su próximo libro.  Si bien presenta algunos de los temas que ya perfilaba en Oro, su primer libro; con este nuevo volumen da una vuelta de tuerca más y pega el salto hacia la unidad temática, algo que le aporta una gran coherencia y fortaleza a lo escrito.

Buko -Cerero- desarrolla ampliamente los grandes temas universales (léase Muerte, Infancia, Esperanza también) en los que está imbuido propiamente por su experiencia vital. Esto no pretende ser más que una visión absolutamente resumida de lo que trae Cerero, por lo que tendrán que esperar a que esté cerrado e impreso para tomar parte en el Sur que nos propone el poeta.

Curso superior de ignorancia

La búsqueda da sentido al camino. Es la gasolina misma del hombre, el ansia que lo mueve. Hace años que leí un libro del poeta Miguel d’Ors, “Curso superior de ignorancia“, con el que ganó el Premio de la Crítica en 1987. Digo que hace mucho tiempo que supe del libro, me acerqué a la biblioteca central de la Universidad y me lo zampé en una de esas horas gloriosas que da la juventud. Leer más de esta entrada

Aguas de marzo

La lluvia ha apagado la tarde mientras el domingo se desparrama sobre las colinas del Aljarafe. La ciudad duerme en la cantinela monótona del agua. Sólo el olor a tierra mojada y a azahar llenan este escenario de calles vacías. Ahora todo parece como salido de la mente del poeta, “¡qué maravilla Sevilla sin sevillanos!“, y la realidad me empuja a la misma conclusión machadiana. Dadme un naranjo, un puñado de lluvia y dejadme a solas con este silencio.

Una bola de cera

Primavera de un año que no recuerdo. Los días eran largos, caían pétalos blancos de los naranjos y hacía un calor de rebeca, calcetín de punto y pantalón corto. Era Sevilla sin duda, Semana Santa. Teníamos alquiladas un par de sillas en la Campana y, entre cofradía y cofradía, los niños destensaban la espera jugando al fútbol con unas latas. Yo apenas levantaba un par de palmos del suelo y guardaba algunos huecos ocultos en la sonrisa. Hablaba más, miraba menos, dedicaba mi tiempo a responder con media lengua las burlonas preguntas cofrades de nuestros vecinos de zona, mientras veía a los niños correr tras las vallas. Algunas veces me unía a ellos y corría entonces con unas gafas que recuerdo enormes, unos zapatos pesados que yo transformaba en botas de taco. Así todo era más fácil. Los pantalones cortos eran calzonas y la camisa, la zamarra blanca de un Zamorano ídolo de masas. Leer más de esta entrada

A crowd flowed over London Bridge

Hace semanas que no encuentro mi copia de ‘La Tierra Baldía’. No es que me preocupe, pero no recuerdo exactamente en qué momento dejé de tenerlo en la mesilla de noche. Si echo la vista atrás, el último momento que conservo con él es la noche antes de que mi hermano llegara a Italia de visita y de eso han pasado ya siete meses.

Tengo una vaga idea de que había vuelto a recurrir al libro durante mi regreso a Sevilla y, sin embargo, soy incapaz de recordarlo. Sólo espero no haberlo olvidado en Teramo, aunque en cierta manera no podría ser más adecuado. Nada más estéril que aquella habitación vacía tras mi vuelta a España, perfecto broche para el libro. A veces la vida nos guarda estos giros plenos de poesía.

A crowd flowed over London Bridge, so many, / I had not thought death had undone so many…

Pavese

C’è un giardino chiaro, fra muro basse

di erba secca e di luce, che cuoce adagio

la sua terra. È una luce che sa di mare. Leer más de esta entrada

A aquellos ojos

Primero otra galaxia, dos estrellas

tanzanita. De pronto un mar de escamas

vivas, algunos cuarzos por las ramas.

Mil campanas tañidas por doncellas.


Dos cuartos de espejo, un alma, dos mamas

de piedra. Resecos charcos sin huellas

de vida, de reserva dos botellas

abiertas, ocho octavillas en llamas.


Un reloj desierto de arena, un big bang,

dos poemas grabados con tu nombre,

cien voces en estéreo, dos salidas.


Aunados un eclipse, un aroma a pan

caliente. Un oasis. Aquel hombre

que os mira, éste que escribe. Más mil vidas…

A aquellos ojos“. Mariano García Morán, Murcia.

Meses después, Teramo te depara estas sorpresas. Un poema para las noches de alcohol y buena compañía. Que este poema sirva de feliz regreso a esta página.

La poesía no es un estado de ánimo

Alguna vez le oí a Valdano decir aquello de “el fútbol es un estado de ánimo“. Lo sorprendente es que últimamente he oido cómo ampliaban la “sentencia” y metían en el paquete a la Poesía. La Poesía es un estado de ánimo, dicen, y yo me río.

Cuando empecé a escribir, lo hacía por amor y competición, un pique que dicen, en definitiva, una tontería… Aquellos poemas eran (y son porque aún los guardo) una suerte de rimas y cacofonías varias que desprendían una amargura y una soledad tremenda. Quizás, esa poesía barata, de rima fácil y estúpida podría encuadrarse dentro de lo que llaman poesía del estado de ánimo; una poesía en la que destacaría por encima de todo el adjetivo, múltiple y carente de vida.

Sin embargo, la Poesía no deja de ser un acto reflexivo -o debería, quién sabe- en la que finalmente poco puede quedar del estado de ánimo de su creación. Si por algo es importante, es por su subjetividad extrema y su capacidad de construcción. El resto viene sólo: la Poesía es un punto de vista, una mirada especial con la que el autor construye su propio mundo y lo cede al lector para que se apropie de él. Es quizás este razonamiento el que me lleve a pensar en una supremacía del sustantivo en la poesía; al fin y al cabo, los sustantivos, como portadores básicos de la idea, serían los ladrillos con los que construír el edificio.

Compras de Marzo

Lo nuevo de Carmelo Guillén Acosta, La vida es lo secreto. Editado por Rialp, es lo último tras la actualización de sus poesías completas en Númenor, hace un año.

Carlos Marzal vuelve después de un largo paréntesis poético. De la mano de Tusquets, el valenciano nos entrega Ánima mía. Un libro con el que saciar a los entusiastas de los premiados anteriormente Fuera de mí y Metales pesados.

Marzo viene fuerte…

En la estación (versionando haikus)

En la estación,

el tiempo es una vía

interminable.

Caen las horas.

El tiempo es una vía

interminable.