In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Archivos en la Categoría: Libros

Otra herencia

Mi tío Miguel Ángel me ha regalado unos libros. Me llamó el pasado domingo mientras estaba viendo el fútbol con la noticia de que su suegro se estaba mudando de casa y no podía transportar la biblioteca que tenía. Así que me acercó en coche al piso para que le echara un vistazo y rescatara lo que pudiera de una certera muerte. Como si fuera una película, entré en aquel edificio que sólo recordaba fugazmente de la infancia. Los ladrillos dorados, como barnizados por el tiempo, seguían tal y como aparecían en mi memoria. Después, los escalones, tercera planta sin ascensor y un sudor de siglos, pegajoso, escurriéndose por la barandilla hasta llegar al portalón de entrada. Leer más de esta entrada

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Curso superior de ignorancia

La búsqueda da sentido al camino. Es la gasolina misma del hombre, el ansia que lo mueve. Hace años que leí un libro del poeta Miguel d’Ors, “Curso superior de ignorancia“, con el que ganó el Premio de la Crítica en 1987. Digo que hace mucho tiempo que supe del libro, me acerqué a la biblioteca central de la Universidad y me lo zampé en una de esas horas gloriosas que da la juventud. Leer más de esta entrada

A crowd flowed over London Bridge

Hace semanas que no encuentro mi copia de ‘La Tierra Baldía’. No es que me preocupe, pero no recuerdo exactamente en qué momento dejé de tenerlo en la mesilla de noche. Si echo la vista atrás, el último momento que conservo con él es la noche antes de que mi hermano llegara a Italia de visita y de eso han pasado ya siete meses.

Tengo una vaga idea de que había vuelto a recurrir al libro durante mi regreso a Sevilla y, sin embargo, soy incapaz de recordarlo. Sólo espero no haberlo olvidado en Teramo, aunque en cierta manera no podría ser más adecuado. Nada más estéril que aquella habitación vacía tras mi vuelta a España, perfecto broche para el libro. A veces la vida nos guarda estos giros plenos de poesía.

A crowd flowed over London Bridge, so many, / I had not thought death had undone so many…

De segunda mano

En la Feria del Libro Antiguo, ráfagas de incienso y niños con patines. Paseo con @Trisco entre los puestos sin ningún título en mente, dejándome llevar por lo que veo. Los stands son como un campo de batalla donde se apilan los libros como cadáveres para regocijo del público, unos con las portadas rotas, otros con los cantos señalados. Hay de todo: poemarios, novelas de aventuras, de terror, ensayos de política, biografías, viejos calendarios y cómics envueltos en plástico. Atrapo un volumen y lo abro, trata sobre la Teoría de sistemas de Ludwig von Bertalanffy. El libro no tiene nada especial pero me gusta tocarlo, percibir el aroma acre de sus páginas. Hace mucho tiempo, alguien señaló con un bolígrafo unas pocas frases y cerró aquel libro para siempre. Hoy tengo las respuestas pero no atisbo a ver las preguntas.

Nostalgia del paraíso

Quiénes viven en la idolatría del mañana carecen del menor porvenir. Tras haber despojado el presente de su dimensión eterna, no les queda sino la voluntad, su gran recurso… y su gran castigo.

(E.M. Ciorán pág. 25 en La caída en el tiempo Ed. Tusquets)

Si necesitara compañero de piso entre los filósofos, desde luego Ciorán no sería nunca el elegido. Si el hombre no tiene fe en el mañana, nada puede esperar que merezca la pena pues el presente se vuelve estéril, permanente y los valores se deshacen como el papel bajo la lluvia. La esperanza es entonces el cauce de las nostalgias de aquel paraíso, es el faro que nos guía en busca de la perfección, ese porvenir glorioso al que todavía unos pocos pretendemos acceder.

De la crítica literaria

La crítica es uno de esos temas que me apasiona. No sé si por el malditismo y la exigencia extremada del crítico que todo llevamos dentro, no sé si por el “gusto exquisito” de los señores que apuntan con el dedo desde sus columnas en las revistas pero la crítica ya estaba en mi vida antes de entrar en esta Facultad. Adolescente que busca respuestas en las caidas de otros. La edad no ha colmado este ansia, hace meses perdí dos tardes de estudio leyendo las críticas de tres números de la Revista de Occidente que encontré en un despacho de la biblioteca.

Y las hay de todos los estilos y colores, de pinchazos y besos en Babelia, de hachazos en ABCD, explosiones en Letras Libres y en Revista de Libros… pura polémica. Entre mis favoritos están dos grandes, José Luis García Martín -de ABCD- y Carlos Pujol, que antes lo leía en ABC pero al que hace tiempo le perdí la pista. De García Martín he escuchado historias de todos los colores, sin embargo, siempre me ha gustado la forma de señalar lo que no le gusta, ahí, en mitad de una columna, sin venir a cuento casi, tan finamente hilado que casi no vemos razón. De Carlos Pujol, sin embargo, me gusta porque utiliza una forma esperpéntica, desbroza el libro o al autor completamente y lo enfrenta a un espejo donde los errores se exageran hasta hacerse irreconocibles, todo ello sin perder ni un ápice del estilo afilado y exacto de Pujol.

Ahora con la revolución de revistas de internet y blogs que tratan la Cultura las críticas se han multiplicado y, sin embargo, la riqueza de crítica se pierde. A pesar de joyas como esta crítica de García-Máiquez sobre un libro de Carlos Pujol (precisamente) en Poesíadigital, es muy fácil encontrar críticas absolutamente débiles, inseguras y desproporcionadas. Como casi siempre ocurre, la proliferación no tiene por qué aportar calidad sino todo lo contrario.

PD: De regalo un poema de Carlos Pujol que he encontrado en este blog de La Rioja.

*También publicado en el blog Sin futuro y sin un duro.

Presentación de la Antología RCE 07

Cangrejo Pistolero Ediciones presentó anoche la Antología “Recital Chilango Andaluz 2007” en la sede sevillana de la Casa del Libro. El acto contó con la participación de los artistas-editores Nuria Mezquita y Antonio García Villarán así como de los poetas Iván Vergara y Javier Villaseñor, creadores del Recital Chilango Andaluz.

Con el lema de Octavio Paz de la lengua como única frontera, Iván Vergara y sus colaboradores renovaron los motivos por los que promovieron el RCE, valorando el recital como una vía libre de unión de la poesía más allá de los límites de los estados. También hubo tiempo para la lectura de algunos poemas entre las explicaciones sobre el diseño del libro y fotos del recital de 2007.

La Antología, continuación de la serie iniciada por la edición de 2006 también publicada por Cangrejo Pistolero Ediciones, cuenta con poemas de más de medio centenar de poetas de México y España.

*También publicado en La Campana

Discurso de la ceniza de Pablo Moreno Prieto

EL SUR Y LA CENIZA

Zaguán, dehesa, limonero, patio
cisco, jazmín, enjambres. Cal y forja,
Alcores, huertos, adoquín y recuas.
Ropa tendida, muros, clavel, sombra,
pinos, brisa, castaño, dunas, brea,
noche oscura. Fanales, luna rota,
vega, olivar, agosto, vides. Altos
cerros, adobe, pena, luces, loma,
fuentes, racimo, tasca, verso y zéjel.
Plegaria, jueves, almenara, aroma,
bronce, torretas, vino, luto y siesta.
Todos tus nombres y hasta mí retorna
el ancho pasado, el negligente olvido,
y tú siempre doliendo -fuego y roca-
sin yo saber que te quisiera tanto.

[EL SUR Y LA CENIZA, pág 23, de Discurso de la Ceniza de Pablo Moreno Prieto. Áccesit del Premio Adonais. Nº 604 de la Colección Adonais, perteneciente a Ediciones Rialp. S.A.]

…Y no me explico que sigas ahí sentado sin haber comprado este libro todavía, que no me lo explico…

El libro perfecto

…fluctuaría en torno a una ciudad o una casa. El tema de los poemas se perdería en la noche de los tiempos, pero habría lugar para alguna declaración de intenciones aranesca. Podría comenzar con una cita de Dante o de TS. Eliot y seguir con un poema que terminase con alguna pregunta que sonara como una campana al final de una oración. Habría sitio para describir una lluvia lenta como la de Pampaluna, que oliera igual que la de Pampaluna, incluso, reconocida como lluvia de Pampaluna a pesar de ser la lluvia de Edimburgo, Sevilla o Roma. Tendría alguna cita intercalada, algún intertexto sin ansia cultureta por el simple hecho de rendir homenaje a mis favoritos. Habría pocos poemas de amor y mucha atención al detalle. Hablaría de piedras, calles y hombres, ventanas y mujeres, autobuses, noches, alcohol y baile, amigos que están y familia, ciudades perdidas y puertas; pero con un tono sobrio en el que sobrarán los adjetivos, con especial cuidado en la metáfora, con poemas que callen y sugieran. Probablemente diría cosas que no entendería y faltarían algunas de las que sé. Los poemas serían largos y tendrían títulos al azar, sin ninguna relación con el resto.

Y para cuando todo estuviera terminado, pasarlo por la guadaña de Cabanillas, de Beades, de Cerero, de Fidel, de los Moreno, de Arana… y quede todo suelto y vacío, en un orden caótico y ambiguo para que mi voz sea una más en el murmullo, que no me reconozca en mis palabras.

Ante la ley, de Franz Kafka

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá.

– Es posible – contesta el guardián -, pero ahora no.

La puerta de la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice:

– Si tantas ganas tienes – intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista.

El campesino no había imaginado tales dificultades; pero el imponente aspecto del guardián, con su pelliza, su nariz grande y aguileña, su larga bárba de tártaro, rala y negra, le convencen de que es mejor que espere. El guardián le da un banquito y le permite sentarse a un lado de la puerta. Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final siempre le dice que no todavía no puede dejarlo entrar. El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero le dice:

– Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo.

Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo.

– ¿Qué quieres ahora – pregunta el guardián -. Eres insaciable.

– Todos se esfuerzan por llegar a la ley – dice el hombre -; ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar?

El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora:

– Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Traducción por Henzo Lafuente.