In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Archivos en la Categoría: Literatura

Otra herencia

Mi tío Miguel Ángel me ha regalado unos libros. Me llamó el pasado domingo mientras estaba viendo el fútbol con la noticia de que su suegro se estaba mudando de casa y no podía transportar la biblioteca que tenía. Así que me acercó en coche al piso para que le echara un vistazo y rescatara lo que pudiera de una certera muerte. Como si fuera una película, entré en aquel edificio que sólo recordaba fugazmente de la infancia. Los ladrillos dorados, como barnizados por el tiempo, seguían tal y como aparecían en mi memoria. Después, los escalones, tercera planta sin ascensor y un sudor de siglos, pegajoso, escurriéndose por la barandilla hasta llegar al portalón de entrada. Leer más de esta entrada

Una de esas cosas

Hace unas horas que mi amigo @Bukowski (otra forma de llamar a Juan José Cerero) me ha mandado la maqueta de lo que parece ser su próximo libro.  Si bien presenta algunos de los temas que ya perfilaba en Oro, su primer libro; con este nuevo volumen da una vuelta de tuerca más y pega el salto hacia la unidad temática, algo que le aporta una gran coherencia y fortaleza a lo escrito.

Buko -Cerero- desarrolla ampliamente los grandes temas universales (léase Muerte, Infancia, Esperanza también) en los que está imbuido propiamente por su experiencia vital. Esto no pretende ser más que una visión absolutamente resumida de lo que trae Cerero, por lo que tendrán que esperar a que esté cerrado e impreso para tomar parte en el Sur que nos propone el poeta.

Curso superior de ignorancia

La búsqueda da sentido al camino. Es la gasolina misma del hombre, el ansia que lo mueve. Hace años que leí un libro del poeta Miguel d’Ors, “Curso superior de ignorancia“, con el que ganó el Premio de la Crítica en 1987. Digo que hace mucho tiempo que supe del libro, me acerqué a la biblioteca central de la Universidad y me lo zampé en una de esas horas gloriosas que da la juventud. Leer más de esta entrada

El desastre de lo original

Estos días estoy releyendo ese magnífico libro -acepta muchas etiquetas- que es ‘Virutas de Taller’ de Miguel d’Ors. En los comienzos, hay una reflexión sobre la originalidad que me gusta mucho. Al repasarlo, aparecen nuevas formas de ver los saltos en la Literatura (el Arte o cualquier asunto parecido) y los efectos devastadores que producen al ser recibidos. Copio literalmente y aconsejo hacerse con una edición del libro.

SOSPECHO que en Arte no es posible una belleza que no se asiente en el continuum entre lo conocido y lo nuevo -tradición y creación-. Sabemos que un poema es bueno porque lo comparamos con los poemas, buenos y malos, que lo precedieron. Si ese continuum se rompiera, la emoción estética sería imposible. <<Un poema absolutamente original es un poema absolutamente malo>>, dice, con toda razón, T.S. Eliot. Si por algún medio sobrenatural llegase ahora a nosotros la obra de los mejores poetas del siglo XXII, lo más probable es que nos pareciera horrible.

Mujer sorbiendo garbanzos

La maldición del poeta es señalar la belleza y sufrir la aguja constante del insatisfecho, una sed insaciable que solo remedia el tiempo y otra belleza que apague la visión anterior. Así el poeta, como el vigía, va de un buque a otro, de un poema a otro mientras siente que construye un mundo de ladrillos de arena húmeda junto al mar. Leer más de esta entrada

Aguas de marzo

La lluvia ha apagado la tarde mientras el domingo se desparrama sobre las colinas del Aljarafe. La ciudad duerme en la cantinela monótona del agua. Sólo el olor a tierra mojada y a azahar llenan este escenario de calles vacías. Ahora todo parece como salido de la mente del poeta, “¡qué maravilla Sevilla sin sevillanos!“, y la realidad me empuja a la misma conclusión machadiana. Dadme un naranjo, un puñado de lluvia y dejadme a solas con este silencio.

Una bola de cera

Primavera de un año que no recuerdo. Los días eran largos, caían pétalos blancos de los naranjos y hacía un calor de rebeca, calcetín de punto y pantalón corto. Era Sevilla sin duda, Semana Santa. Teníamos alquiladas un par de sillas en la Campana y, entre cofradía y cofradía, los niños destensaban la espera jugando al fútbol con unas latas. Yo apenas levantaba un par de palmos del suelo y guardaba algunos huecos ocultos en la sonrisa. Hablaba más, miraba menos, dedicaba mi tiempo a responder con media lengua las burlonas preguntas cofrades de nuestros vecinos de zona, mientras veía a los niños correr tras las vallas. Algunas veces me unía a ellos y corría entonces con unas gafas que recuerdo enormes, unos zapatos pesados que yo transformaba en botas de taco. Así todo era más fácil. Los pantalones cortos eran calzonas y la camisa, la zamarra blanca de un Zamorano ídolo de masas. Leer más de esta entrada

Vercelae

Ellos esperan en la llanura de Vercelae, bajo la tierra.

A crowd flowed over London Bridge

Hace semanas que no encuentro mi copia de ‘La Tierra Baldía’. No es que me preocupe, pero no recuerdo exactamente en qué momento dejé de tenerlo en la mesilla de noche. Si echo la vista atrás, el último momento que conservo con él es la noche antes de que mi hermano llegara a Italia de visita y de eso han pasado ya siete meses.

Tengo una vaga idea de que había vuelto a recurrir al libro durante mi regreso a Sevilla y, sin embargo, soy incapaz de recordarlo. Sólo espero no haberlo olvidado en Teramo, aunque en cierta manera no podría ser más adecuado. Nada más estéril que aquella habitación vacía tras mi vuelta a España, perfecto broche para el libro. A veces la vida nos guarda estos giros plenos de poesía.

A crowd flowed over London Bridge, so many, / I had not thought death had undone so many…

La biblioteca

Los ladrillos apenas habían cambiado. Una sombra de humedad recorría con trazo incierto la pared, pero el resto era tal y como lo recordaba. Un muro delgado de ladrillos rojos y brillantes, tres pequeñas ventanas que dejaban pasar la luz y las jambas de metal verde de la entrada. Exactamente igual que hace años, pensó. Y un niño de pantalones cortos se le subía a las ventanas del alma, con un bocata y alguna que otra mella. Sonrió y giró el picaporte para escuchar aquel tañido de goznes, antesala de la biblioteca, su más perfecta bienvenida.  Leer más de esta entrada