In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Nicolás de Guardiagrele

Nicolás de Guardiagrele fue uno de esos artistas totales, hombre del renacimiento que labró su fama de la orfebrería a la pintura, pasando por las miniaturas y la escultura. Testigo de ello son sus obras, plantadas sobre el Abruzzo, o los innumerables documentos que guardan los archivos locales de los pueblos de Chieti, Teramo o Pescara.

A Guardiagrele lo conocí en Teramo, donde está la que sea quizás su obra maestra, Il Paliotto di Teramo, un precioso frontal de plata que da luz al altar del Duomo. Hace ya unos meses, no tantos, que visité por primera vez el templo y no es la primera vez que me viene a la memoria el brillo del palio, las líneas rectas, las figuras que lo marcan, mirando desde el movimiento impasible del metal labrado.

No sé qué me llama desde ese ajedrez bíblico pero a veces me asalta, como ahora, y me pierdo en su belleza sencilla, en la mano que bendice en el centro mismo del rectángulo desde aquel día.

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