In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

Nostalgia del paraíso

Quiénes viven en la idolatría del mañana carecen del menor porvenir. Tras haber despojado el presente de su dimensión eterna, no les queda sino la voluntad, su gran recurso… y su gran castigo.

(E.M. Ciorán pág. 25 en La caída en el tiempo Ed. Tusquets)

Si necesitara compañero de piso entre los filósofos, desde luego Ciorán no sería nunca el elegido. Si el hombre no tiene fe en el mañana, nada puede esperar que merezca la pena pues el presente se vuelve estéril, permanente y los valores se deshacen como el papel bajo la lluvia. La esperanza es entonces el cauce de las nostalgias de aquel paraíso, es el faro que nos guía en busca de la perfección, ese porvenir glorioso al que todavía unos pocos pretendemos acceder.

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5 Respuestas a “Nostalgia del paraíso

  1. Lulú 20 marzo 2009 en 9:36 pm

    Con tu post me has abierto el apetito por Cioran de nuevo y no he tenido más remedio que sacarme de la biblio “Adiós a la filosofía y otros textos” del que se desprenden citas como esta:

    “Todo lo que se construye, todo lo que se deshace, lleva la huella de una fragilidad inmunda, como si la materia fuese el fruto de un escándalo en el seno de la nada. Cada ser se nutre de la agonía de otro ser; los instantes se precipitan como vampiros sobre la anemia del tiempo…En este matadero, cruzarse de brazos o sacar la espada son gestos igualmente vanos”.

    No sería un compañero perfecto pero leerlo, desde mi punto de vista, completa y enseña a relativizar. Sigamos en la búsqueda.

  2. Jesu 22 marzo 2009 en 11:25 am

    Yo creo que Ciorán más bien se refiere a aquellos que piensan excesivamente en el mañana, que se obsesionan con lo nuevo, con lo que vendrá más allá de lo que viven hoy, y ni siquieran se fijan en eso que están viviendo.

    Por no hablar de lo pasado, de lo que les ha hecho como son, de las raíces, de eso que llevan dentro y les hace ser así, quieran o no. De esos errores (y aciertos) de los que han de aprender. De todos esos buenos recuerdos que podrán deleitar siempre que quieran.

    Si algo hay vano, estéril y engañoso, más aún que el presente cuando éste muere, eso es el futuro. El hacerse ilusiones con algo que no sabemos nunca cómo va a ser, y que normalmente no es como queremos.

    Y yo creo que a eso es a lo que se refiere Ciorán cuando critica a “los que viven en la idolatría del mañana”. Que haya quien piensa únicamente en el mañana, como éste si fuera la panacea de todos los problemas del presente, cuando muchas veces, la solución no está en lo por venir, sino en lo ya vivido.

  3. Buentes 22 marzo 2009 en 11:46 am

    Qué va, Jesu. Yo cuando lo copié pensé lo mismo que tú, pero conforme avanzaba acaba por relacionar al mañana con lo divino y la esperanza en la otra vida. Por lo que llevo de libro, apenas 70 páginas, ese texto que he copiado parece una crítica a aquellos que tienen fe en algún dios y les critica diciendo que si viven de la esperanza en el mañana, en el después de la muerte, solo les quedará su propia voluntad para aguantar carros y carretas, para soportar todos los palos de la vida; y perderán la fortuna de vivir en el presente, de disfrutar las “escasas” (porque Ciorán es el negativo por excelencia) fortunas que te da la cotidianeidad.

  4. Jesu 22 marzo 2009 en 12:29 pm

    Entonces tendré que leerme el libro entero, y no basarme en una cita descontextualizada.

    De todas formas, y extrapolando esta filosofía más allá de lo divino y el mañana como “más allá”, creo que tampoco hay que cegarse con un mañana en el que todo será realizado, que todo lo bueno nos traerá, sino que también hay que mirar atrás, y tener presente todo lo pasado.

    Ya tengo un post en la cabeza.

  5. Rictus Morte 24 marzo 2009 en 12:51 am

    Hola Pablo -y compañía-. Hacía mucho que no volvía al blog y me estoy poniendo al día. Y veo que te entroncas en la filosofía… ¡Complejo mundo!

    Si lo que dices es cierto ¡poca esperanza se puede tener en el presente, en la vida, si no se confía en un más allá! Si no hubiera un poquito de Dios dentro de cada uno, hasta de los más descreídos, el mundo estallaría en una ola de suicidios porque no se soportarían a sí mismos. Gracias al Cielo, Dios resiste -y existe-, y todavía nos confía la vida para que la aprovechemos.

    Y también estoy de acuerdo con Jesu -al que no conozco pero saludo-, en la importancia de lo vivido, de la tradición -personal y colectiva-. Se dice que la experiencia es lo más importante y al mismo tiempo se aboga por una revolución constante, por una especie y falso progreso que rompa en absoluto con el pasado, cuando lo que tiene que hacer es partir de él. Por eso no es un progreso lo que se consigue -¡cuán claro se ve esto en la sociedad actual-.

    Aunque creo que me desvío demasiado de la cita y la conversación que mantenéis. Un saludo

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