In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

La poesía no es un estado de ánimo

Alguna vez le oí a Valdano decir aquello de “el fútbol es un estado de ánimo“. Lo sorprendente es que últimamente he oido cómo ampliaban la “sentencia” y metían en el paquete a la Poesía. La Poesía es un estado de ánimo, dicen, y yo me río.

Cuando empecé a escribir, lo hacía por amor y competición, un pique que dicen, en definitiva, una tontería… Aquellos poemas eran (y son porque aún los guardo) una suerte de rimas y cacofonías varias que desprendían una amargura y una soledad tremenda. Quizás, esa poesía barata, de rima fácil y estúpida podría encuadrarse dentro de lo que llaman poesía del estado de ánimo; una poesía en la que destacaría por encima de todo el adjetivo, múltiple y carente de vida.

Sin embargo, la Poesía no deja de ser un acto reflexivo -o debería, quién sabe- en la que finalmente poco puede quedar del estado de ánimo de su creación. Si por algo es importante, es por su subjetividad extrema y su capacidad de construcción. El resto viene sólo: la Poesía es un punto de vista, una mirada especial con la que el autor construye su propio mundo y lo cede al lector para que se apropie de él. Es quizás este razonamiento el que me lleve a pensar en una supremacía del sustantivo en la poesía; al fin y al cabo, los sustantivos, como portadores básicos de la idea, serían los ladrillos con los que construír el edificio.

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4 Respuestas a “La poesía no es un estado de ánimo

  1. Bukowski 18 marzo 2009 en 7:42 am

    Es imposible no estar de acuerdo con esto. Es decir, en técnica de poesía -estamos hablando de preferir sustantivos a adjetivos, aunque sea de una forma metafísica- es difícil sentar cátedra absoluta. Sin embargo, es evidente que tanto tú como yo estamos hartos de leer poemas llenos de adjetivos que, lejos de añadir algo al sustantivo al que acompañan, emborronan y ditraen la atención del espectador.

    Como dijo alguien -ya no me acuerdo muy bien de quién-, hay veces que lo bello o lo feo no pueden más que señalarse con el dedo y dejarle lo demás al que mira. Para nosotros, que nos parece que la poesía es, de una forma u otra, una forma de encontrarse con “lo absoluto” -póngasele el nombre que se quiera-, muchísimas veces no podremos hacer más que señalar lo que vemos. Muchas veces, y aquí hablo ya de mi experiencia escribiendo, ni siquiera sabría muy bien sustantivar lo que he visto detrás de mis poemas -o de los de otros-, así que mucho menos adjetivarlo.

    En ningún caso deberíamos convertir el adjetivo en un simple elemento esteticista: en la poesía nada es, o no debería serlo, superficial. Por tanto, aquí debería regir, siendo prácticos, un principio de utilidad y economía: si no añade nada, no lo uses. Si no sirve, no lo uses.

    Caso práctico: El Sur y la ceniza, de Pablo Moreno.

  2. Bukowski 18 marzo 2009 en 7:45 am

    Fe de erratas: “distraen” por “ditraen”, “lector” por “espectador” -final del primer párrafo-.

  3. Jesu 18 marzo 2009 en 6:49 pm

    Más Aleph de Borges hay que leer.

  4. Fon 9 abril 2009 en 11:13 pm

    vaya jodienda (con perdón) porque a mi me encantan los adjetivos…

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