In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

De Oro

Estábamos allí, al fondo del Salón de Embajadores, junto al maravilloso cuadro de Las Postrimerías de San Fernando, de Mattoni. Allí, detrás de todos, a las ocho en punto, en los gastados bancos del salón esperando a los poetas. Como en las buenas bodas, la novia llega con ese retardo que aviva el nervio y agudiza los sentidos, digo, la poesía llegó con ese punto de retraso previsor y un poco canalla cuando Juanillo entró por la puerta lateral, la cabeza alta, el ojo buscón y divertido, la mano sostenida entre un libro y la bocamanga de su chaqueta. Después, saludo de rigor y búsqueda de un sitio, que es la búsqueda de todo poeta, mientras D. Miguel Nieto Nuño y D. Fidel Villegas, el maestro de poetas, presentaban el acto entre acordes de Hölderlin y trazas de Klimt, Kokoschka… -D. Miguel- y con el llamamiento a la entrega vital a la poesía y a la búsqueda personal, del Maestro Fidel.

Acompañada por un largo séquito de doncellas en los asientos, Maria Eugenia fue leyendo sus poemas, con voz de enamorada y hálito dulce, de tarde de domingo, té caliente y galletas. Veinte minutos en los que perderse entre el rumor de los vientos de Irlanda, su Irlanda, y esa búsqueda personal a la que aludía Fidel, que en Maria Eugenia es la búsqueda del nombre, su nombre entre las piedras, un trabajo doloroso pero esperanzador como la poesía. Final impetuoso, con poema doble de María Eugenia, y aplauso verdadero de los asistentes.

Entonces subieron Pablo Moreno y Juanillo, nuestro Buko, ahora ya transmutado en Juan José Cerero poeta, Poeta, convertido en la nueva rama de Númenor. Un Pablo Moreno orgulloso dio paso y Juan José tomó la alternativa en aquel momento, el salón de Embajadores convertido en su casa, rodeado de amigos, único dueño y señor del momento. Entonces algunos volvimos a clase, los poemas a dos bandas, un Cerero de dieciseis años y ojos afilados que lee en la penúltima fila, la banca del extremo, la mano posada sobre un folio. El mismo Cerero de siempre, mañana fría, biblioteca, cigarro a dos tiempos y poemas, siempre poemas, Cerero encencido, siempre Cerero que alza la voz y te lanza a pueblos antiguos, a días imposibles de sol y canciones de infancia que giran dentro y te exprimen. Estábamos allí, preguntaba por nosotros sin llamarnos, su familia, sus amigos, su maestro el poeta de poetas, todos dichosos con Cerero, el Cerero de la celebración del mundo, el Cerero del vuelo, el abrazo y la risa poderosa. Entonces todo acabó y volvimos a aquel salón de altos techos y bancos ajados. Gratis lo recibí, dadlo gratis, nos dijiste. Eso haremos, estábamos allí detrás de todos, a las ocho en punto cuando Juan José Cerero presentó su primer libro, estábamos allí.

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5 Respuestas a “De Oro

  1. Vázquez 9 noviembre 2007 en 3:09 pm

    Qué bien, Buentes. Aunque no pude ir, con tu entrada he podido asomarme al Salón de los Embajadores y sentir la poesía. Gracias.

  2. Jesu 9 noviembre 2007 en 4:42 pm

    Estábamos allí, detrás de toda una muchedumbre, pero dándole en silencio a Cerero la compañía áurea para su camino.

    Y en los días que vengan, por supuesto, allí estaremos.

  3. M. Jesús García 10 noviembre 2007 en 12:04 am

    Enhorabuena Juanjo, te lo mereces, Oro será el primero de una gran lista de éxitos, ojalá hubiera estado allí. También les doy la enhorabuena a tus amigos que disfrutan contigo de este momento tan importante y como no a D. Fidel ! que gran persona! siempre dispuesto a ayudar y en quien se puede confiar, un verdadero amigo, le admiro muchísimo.

  4. de diego 10 noviembre 2007 en 12:09 am

    Cerero estuvo enorme, sintiéndolo mucho, me gustó más que la chica tan guapa que leyó primero. Aunque claro, ella le gana a él en guapa. Eso también está bien, ¿no?. Habrá que leerle el libro entero…lo cierto es que fue una noche muy agradable y un gustazo compartir con él la presentación del niño.

  5. Yure 10 noviembre 2007 en 3:58 pm

    Creo que leo demasiado tarde esta entrada porque mi comentario lo único que haría es volver a repetir (y con mucho gusto) lo dicho anteriormente. Sólo añadir que fue la primera presentación de un libro a la que asistí y no me arrepiento de haber estado presente. Fue un gustazo. :D
    Cerero, aunque no te conozca, te deseo mucha suerte!

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