In Ictu Oculi

Recetario para los nuevos tiempos

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Sobre una fotografía de Esperanza Recio

El reloj pulsa los nervios. El andén palpita como un corazón abierto, sístole y diástole, atrapado por el esternón de luz y metal que se dobla sobre la estación. Hay corros bulliciosos de viajeros e hileras de turistas que asoman la cabeza y buscan una señal a lo lejos. Junto a las vías, alquien cuenta las traviesas -cuatro, cinco, seis, siete…- hasta el infinito. En la estación, la espera parece interminable.

* Es un ejercicio de clase.

Américo Vespucio, 20:30 h.


La lluvia cae lenta, muy lentamente, como en aquel poema. Hay lagunas cerca de la parada y la tarde se cierra como la hoja de una puerta. Todo es oscuridad y gotas. La lluvia dibuja ríos en la acera mientras la calle es un ruido que no cesa: autobús, claxon y corros de adolescentes que anuncian que el mundo aún vive en sus cinturas, que nada se pierde en la tormenta. Las veo pasar desde lo lejos y asiento. El cielo se eleva  inexplicable hacia lo alto hasta perderse. La lluvia cae lenta, muy lentamente mientras el mundo sigue su procesión de vida calle abajo.

PD: No pueden dejar de ver las fotos de Fernan López y Sara Domínguez, todo un lujo.

* También publicado en La Campana.

Oído Cocina de Noviembre

Es habitual escuchar a los profesores quejarse de las respuestas estúpidas y las explicaciones vacías de los alumnos en los exámenes. Ahora, dado el éxito que tienen los posts titulado “oído cocina” y la gran cantidad de material que me llega de situaciones absurdas en las clases, me he decidido a abrir una nueva sección con ese título. En fin, disfruten del sistema de enseñanza españollllllllllll.

Una profesora de Patrimonio habla sobre el patrimonio cultural de Andalucía y las fundaciones que defienden el Arte. Al hablar sobre la Asociación Velázquez por Sevilla, una alumna pregunta sobre la participación de la fundación en la compra del cuadro “Santa Rufina” de Velázquez. La profesora responde literalmente: “yo es que los medios de comunicación no los sigo mucho…

Días después, la misma profesora delimita los tipos de arquitectura que se dan en Andalucía. La explicación es la siguiente: “Tipos de arquitectura andaluza: es muy diversa. Pasamos al siguiente punto…

Un profesor de Historia pregunta al alumnado universitario por las consecuencias de la Revolución Francesa. Respuesta de un alumno: “La Revolución Francesa no pasó en balde a nadie.

¡Sobrecogedor!

De Oro

Estábamos allí, al fondo del Salón de Embajadores, junto al maravilloso cuadro de Las Postrimerías de San Fernando, de Mattoni. Allí, detrás de todos, a las ocho en punto, en los gastados bancos del salón esperando a los poetas. Como en las buenas bodas, la novia llega con ese retardo que aviva el nervio y agudiza los sentidos, digo, la poesía llegó con ese punto de retraso previsor y un poco canalla cuando Juanillo entró por la puerta lateral, la cabeza alta, el ojo buscón y divertido, la mano sostenida entre un libro y la bocamanga de su chaqueta. Después, saludo de rigor y búsqueda de un sitio, que es la búsqueda de todo poeta, mientras D. Miguel Nieto Nuño y D. Fidel Villegas, el maestro de poetas, presentaban el acto entre acordes de Hölderlin y trazas de Klimt, Kokoschka… -D. Miguel- y con el llamamiento a la entrega vital a la poesía y a la búsqueda personal, del Maestro Fidel.

Acompañada por un largo séquito de doncellas en los asientos, Maria Eugenia fue leyendo sus poemas, con voz de enamorada y hálito dulce, de tarde de domingo, té caliente y galletas. Veinte minutos en los que perderse entre el rumor de los vientos de Irlanda, su Irlanda, y esa búsqueda personal a la que aludía Fidel, que en Maria Eugenia es la búsqueda del nombre, su nombre entre las piedras, un trabajo doloroso pero esperanzador como la poesía. Final impetuoso, con poema doble de María Eugenia, y aplauso verdadero de los asistentes.

Entonces subieron Pablo Moreno y Juanillo, nuestro Buko, ahora ya transmutado en Juan José Cerero poeta, Poeta, convertido en la nueva rama de Númenor. Un Pablo Moreno orgulloso dio paso y Juan José tomó la alternativa en aquel momento, el salón de Embajadores convertido en su casa, rodeado de amigos, único dueño y señor del momento. Entonces algunos volvimos a clase, los poemas a dos bandas, un Cerero de dieciseis años y ojos afilados que lee en la penúltima fila, la banca del extremo, la mano posada sobre un folio. El mismo Cerero de siempre, mañana fría, biblioteca, cigarro a dos tiempos y poemas, siempre poemas, Cerero encencido, siempre Cerero que alza la voz y te lanza a pueblos antiguos, a días imposibles de sol y canciones de infancia que giran dentro y te exprimen. Estábamos allí, preguntaba por nosotros sin llamarnos, su familia, sus amigos, su maestro el poeta de poetas, todos dichosos con Cerero, el Cerero de la celebración del mundo, el Cerero del vuelo, el abrazo y la risa poderosa. Entonces todo acabó y volvimos a aquel salón de altos techos y bancos ajados. Gratis lo recibí, dadlo gratis, nos dijiste. Eso haremos, estábamos allí detrás de todos, a las ocho en punto cuando Juan José Cerero presentó su primer libro, estábamos allí.

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