In Ictu Oculi
Recetario para los nuevos tiempos
Archivos por Etiqueta: Libros
Presentación de la Antología RCE 07
Cangrejo Pistolero Ediciones presentó anoche la Antología “Recital Chilango Andaluz 2007″ en la sede sevillana de la Casa del Libro. El acto contó con la participación de los artistas-editores Nuria Mezquita y Antonio García Villarán así como de los poetas Iván Vergara y Javier Villaseñor, creadores del Recital Chilango Andaluz.
Con el lema de Octavio Paz de la lengua como única frontera, Iván Vergara y sus colaboradores renovaron los motivos por los que promovieron el RCE, valorando el recital como una vía libre de unión de la poesía más allá de los límites de los estados. También hubo tiempo para la lectura de algunos poemas entre las explicaciones sobre el diseño del libro y fotos del recital de 2007.
La Antología, continuación de la serie iniciada por la edición de 2006 también publicada por Cangrejo Pistolero Ediciones, cuenta con poemas de más de medio centenar de poetas de México y España.
*También publicado en La Campana
Discurso de la ceniza de Pablo Moreno Prieto
EL SUR Y LA CENIZA
Zaguán, dehesa, limonero, patio
cisco, jazmín, enjambres. Cal y forja,
Alcores, huertos, adoquín y recuas.
Ropa tendida, muros, clavel, sombra,
pinos, brisa, castaño, dunas, brea,
noche oscura. Fanales, luna rota,
vega, olivar, agosto, vides. Altos
cerros, adobe, pena, luces, loma,
fuentes, racimo, tasca, verso y zéjel.
Plegaria, jueves, almenara, aroma,
bronce, torretas, vino, luto y siesta.
Todos tus nombres y hasta mí retorna
el ancho pasado, el negligente olvido,
y tú siempre doliendo -fuego y roca-
sin yo saber que te quisiera tanto.
[EL SUR Y LA CENIZA, pág 23, de Discurso de la Ceniza de Pablo Moreno Prieto. Áccesit del Premio Adonais. Nº 604 de la Colección Adonais, perteneciente a Ediciones Rialp. S.A.]
…Y no me explico que sigas ahí sentado sin haber comprado este libro todavía, que no me lo explico…
Tarde de domingo
Las tardes de domingo tienen algo de derrota por eso no me extraña este cielo azul tras la tormenta ni esta soledad silenciosa que suena en mi habitación como un campo de batalla. Las tardes de domingo siempre me traen de vuelta a los principios y regreso a los libros y a la televisión, a las películas de media tarde, café y palmeras de chocolate blanco que son mi infancia. Pero hoy no había palmeras ni película de media tarde y el café, servido caliente y vaporoso, es punto y final de mis lecturas. Mañana devolveré Guerra y Paz a la estantería de la Biblioteca y yo participaré de nuevo en la campaña donde ya me esperan mis compañeros. Desgraciadamente hay libros veloces como minutos y guerras que nunca terminan.
PD: Perdonad que retrase mucho las entradas pero ando con los exámenes ahora. Escribiré todo lo que pueda.
Ante la ley, de Franz Kafka

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá.
- Es posible – contesta el guardián -, pero ahora no.
La puerta de la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice:
- Si tantas ganas tienes – intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista.
El campesino no había imaginado tales dificultades; pero el imponente aspecto del guardián, con su pelliza, su nariz grande y aguileña, su larga bárba de tártaro, rala y negra, le convencen de que es mejor que espere. El guardián le da un banquito y le permite sentarse a un lado de la puerta. Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final siempre le dice que no todavía no puede dejarlo entrar. El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero le dice:
- Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo.
Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo.
- ¿Qué quieres ahora – pregunta el guardián -. Eres insaciable.
- Todos se esfuerzan por llegar a la ley – dice el hombre -; ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar?
El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora:
- Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.
Traducción por Henzo Lafuente.
Sin desperdicios
Como ando de puente no escribiré mucho. Sólo una cosa: Lean el Babelia de hoy. No tiene desperdicios…
Actualización del domingo: En EL PAÍS, interesantísimo reportaje sobre Miguel Delibes, enlace aquí.
Quinn
“Cuando terminó de comer, Quinn se acercó a los estantes de la papelería. Acababa de llegar una remesa de cuadernos nuevos y la pila era impresionante, un hermoso despliegue de azules, verdes, rojos y amarillos. (…) Examinó la pila tratando de decidir cuál coger. Por razones que nunca estuvieron claras (…) sintió un irresistible deseo por un determinado cuaderno rojo que estaba al fondo de la pila. (…) Era un cuaderno normal pero algo en él parecía llamarle, como si su único destino en el mundo fuera contener las palabras que salieran de su pluma.”
Recojo un fragmento de La Ciudad de Cristal de Paul Auster Ed. Anagrama porque, cómo el protagonista, muchas veces siento una especial atracción por los cuadernos. Para mucha gente, la elección de un cuaderno puede ser algo sin importancia, algo casual porque lo entienden como el soporte sobre el que anotar cualquier apunte, pero para mí un cuaderno puede determinar a las claras lo que se va a escribir en él.
Seguramente sea otra de mis manías pero tengo muy en cuenta las características del cuaderno a la hora de comprarlo. Por ejemplo, puedo decir que no me agradan nada las hojas de rayas ni los blocs de cuatro anillas, los cuadernos deben ser flexibles pero a la vez duros, y si llevan cuadraditos, me gusta que sean pequeños y que traigan esa delgada línea roja vertical que sirve de margen. Y esto no es porque vaya a escribir grandes cosas en ellos, ni mucho menos; escribo poemas y hago trabajos directamente en el ordenador y los apuntes los tomo en folios blancos;por lo tanto nunca escribo en los cuadernos.
Tengo guardados más de diez, todos distintos, todos en blanco. Y será muy extraño para algunos pero me gusta coleccionarlos, conservarlos tal y cómo los compré. A menudo pienso que son como diamantes en bruto, guardianes de grandes historias que corren invisibles por sus páginas.
PD: Lean esta noticia de El Mundo, es buenísima.
Estrenos de Feria
Anoche visité la Feria del Libro con Ana y Álvaro. Este año vuelve la Feria a la Plaza Nueva después de las obras y, aunque el marco es excelente, la disposición de los tenderetes deja mucho que desear. En el ratito que estuve por allí le eché el ojo a algunos libros. Por ejemplo, hay buena Poesía en la de Renacimiento y dejé marcados en sitios estratégicos libros de Graham Greene, V. Grossman, Dostoyevski (tal y como viene en la Wiki) y uno de Marinetti que me interesa especialmente porque habla del Futurismo y las Vanguardias. Este año siguen habiendo revistas literarias de principios y mediados de siglo, periódicos antiguos y grabados a buen precio, por lo que volveré esta semana que viene a comprar lo que vea.
Un apunte más para los poetas. La atracción principal de la Feria del Libro Antiguo es la presencia del gran José Pérez Olivares en el stand de Renacimiento. Una persona que no deja indiferente.
Ubik
Acabo de terminar de leer la novela de Philip K. Dick que me dejó Luisfer. He tardado dos días en acabar con ella, después de tenerla arrumbada en la maleta dos semanas desde que Jesu me la devolviese, y lo que puedo decir es que me ha sorprendido gratamente. Hacía tiempo que no sentía esa necesidad de leer, de dejarlo todo y meterme en las páginas, algo que es lo que espero siempre cuando abro un libro. Así, a bote pronte, no sé exactamente por qué me ha gustado tanto, es algo que no entiendo, la historia es buena pero previsible (gracias a las pinceladas del autor) y como destaca Luisfer, tampoco está escrita de forma excelsa, pero creo que la fuerza del libro radica en el misterio de la naturaleza de Ubik, la realidad de los pasajes futuristas, inmensamente detallados por Dick, y la atracción que ejercen los personajes, Pat y Joe, en especial.
Veo a Joe como un antihéroe venido a más, descuidado y opaco en comparación con Runciter, el brillante anciano, multimillonario y previsor que controla la compañía. Joe es capaz de engañar por unas monedas, tiene espíritu de superviviente, el amor por la vida y la mente lo suficientemente clara para hilvanar detalles que otros no han podido en mejor posición que él. Representa, a mi forma de entenderlo, el trabajador perfecto, el que lo da todo por la compañía aún cuando la empresa se hunde, aunque leyendo críticas por internet veo que hay quien lo relaciona con una crítica al capitalismo. Yo, sin embargo, no centraría tanto la historia en ese asunto sino más bien en la forma que utiliza Dick para jugar con la realidad y confundir al lector. He disfrutado mucho viendo como el mundo de los vivos se transmutaba en el mundo de los muertos para acabar finalmente en un sorprendente y temible bucle donde el misterio final se repite siempre y que me trae a la memoria otros libros y películas (Matrix) que he visto sobre el tema.
La novela tiene momento de humor geniales, como la alusión a Walt Disney o la reacción del Taxista cuando se le desvela el futuro. También me ha llamado la atención los encabezamientos de los capítulos, haciendo referencia a Ubik -pero, ¿qué es Ubik? diréis- y relacionándolos con objetos cotidianos, con la idea de acercarnos al universal que es Ubik y que se destaca en el encabezamiento final. En definitiva, un libro que merece la pena de ser leído y que os recomiendo.
De Oro
Estábamos allí, al fondo del Salón de Embajadores, junto al maravilloso cuadro de Las Postrimerías de San Fernando, de Mattoni. Allí, detrás de todos, a las ocho en punto, en los gastados bancos del salón esperando a los poetas. Como en las buenas bodas, la novia llega con ese retardo que aviva el nervio y agudiza los sentidos, digo, la poesía llegó con ese punto de retraso previsor y un poco canalla cuando Juanillo entró por la puerta lateral, la cabeza alta, el ojo buscón y divertido, la mano sostenida entre un libro y la bocamanga de su chaqueta. Después, saludo de rigor y búsqueda de un sitio, que es la búsqueda de todo poeta, mientras D. Miguel Nieto Nuño y D. Fidel Villegas, el maestro de poetas, presentaban el acto entre acordes de Hölderlin y trazas de Klimt, Kokoschka… -D. Miguel- y con el llamamiento a la entrega vital a la poesía y a la búsqueda personal, del Maestro Fidel.

Acompañada por un largo séquito de doncellas en los asientos, Maria Eugenia fue leyendo sus poemas, con voz de enamorada y hálito dulce, de tarde de domingo, té caliente y galletas. Veinte minutos en los que perderse entre el rumor de los vientos de Irlanda, su Irlanda, y esa búsqueda personal a la que aludía Fidel, que en Maria Eugenia es la búsqueda del nombre, su nombre entre las piedras, un trabajo doloroso pero esperanzador como la poesía. Final impetuoso, con poema doble de María Eugenia, y aplauso verdadero de los asistentes.
Entonces subieron Pablo Moreno y Juanillo, nuestro Buko, ahora ya transmutado en Juan José Cerero poeta, Poeta, convertido en la nueva rama de Númenor. Un Pablo Moreno orgulloso dio paso y Juan José tomó la alternativa en aquel momento, el salón de Embajadores convertido en su casa, rodeado de amigos, único dueño y señor del momento. Entonces algunos volvimos a clase, los poemas a dos bandas, un Cerero de dieciseis años y ojos afilados que lee en la penúltima fila, la banca del extremo, la mano posada sobre un folio. El mismo Cerero de siempre, mañana fría, biblioteca, cigarro a dos tiempos y poemas, siempre poemas, Cerero encencido, siempre Cerero que alza la voz y te lanza a pueblos antiguos, a días imposibles de sol y canciones de infancia que giran dentro y te exprimen. Estábamos allí, preguntaba por nosotros sin llamarnos, su familia, sus amigos, su maestro el poeta de poetas, todos dichosos con Cerero, el Cerero de la celebración del mundo, el Cerero del vuelo, el abrazo y la risa poderosa. Entonces todo acabó y volvimos a aquel salón de altos techos y bancos ajados. Gratis lo recibí, dadlo gratis, nos dijiste. Eso haremos, estábamos allí detrás de todos, a las ocho en punto cuando Juan José Cerero presentó su primer libro, estábamos allí.
Es cosa extraña…
Es una cosa extraña ser poeta,
es una cosa extraña sentir la propia vida
llena de muchedumbres,
escuchar en el propio canto todos los cantos
y cotidianamente
morir un poco en todo lo que muere.
Es una cosa extraña ser poeta;
es sorprender al niño en los ojos del viejo,
es oír los clamores del bosque en la semilla,
adivinar que hay una primavera dormida
bajo cada nevada,
partir el pan y ver los segadores.
Es una cosa extraña: ser poeta
es convertirse en tierra para entender la lluvia,
es convertirse en hoja para saber de otoños,
es convertirse en muerto para aprender la ausencia.
20-I-72
Miguel d’Ors de “Ciego en Granada” 1975






