Ahora que estás lejos y quieres, me dices en tu carta, volver a la ciudad en que naciste; te diré del sol que abraza rincones y tú, que sabes de estrellas, volverás a los vericuetos de una casa con muros de luz cegadora. Te diré de los árboles como centinelas, y tú que has colgado ramas en tu puerta volverás a la explosión blanca del naranjo que señala a una casa con muros de luz cegadora y murmullo de agua. Te diré del albero cegado de los alcorques, y tú, que has prensado la tierra con tus pies, cerrarás la puerta de luz cegadora tras tu sombra y baldearás, como aquella tarde, la terraza de muros encalados donde crece el geranio y cae, como caen las piedras indescifrables, una última naranja.
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3 Comentarios
Sublime
Olé.
Necesitaba “argo poético”, abro tu blog y … justo en el blanco, como en los muros. Muy buen proema, sí señor. Tienes que leer algo de Eugenio de Andrade: por ahí van también sus tiros. Un saludo.